La marca de un lado. La cara de quien participó del otro.
El participante posa, la foto se toma ahí mismo y el vaso personalizado llega a su mano antes de que termine la conversación.
El vaso personalizado con la marca ya es estándar en eventos, y su destino también: en el momento es lindo, después queda olvidado en el armario. Con la cara del participante impresa, el objeto cambia de dueño. Deja de ser el vaso del evento o el vaso de la marca y pasa a ser su vaso. Y nadie tira un vaso con su propia cara.
Es el tiempo promedio entre la pose y el vaso en la mano del participante. Corto lo suficiente para no generar espera y largo lo suficiente para que la marca converse con él mientras la impresión ocurre.
Sin cabina, sin registro y sin esperar el correo. Son dos etapas de pie, en el punto donde la marca ya recibe al público.
El participante se ubica en el punto marcado, con el escenario del evento al fondo, y la promotora conduce la pose. El encuadre ya sale en el formato correcto para el vaso, así que no hay recorte, ni elección de foto, ni registro antes.
En cerca de 30 segundos la impresión termina y el vaso va directo a la mano del participante, con el arte de la campaña y su foto lado a lado.
De un lado la campaña, con el arte que la marca aprobó. Del otro, el retrato de quien estuvo ahí. Es lo que hace que la persona gire el vaso para mostrárselo a alguien.
Personalización de verdad es esto: el participante se vuelve parte de la pieza. Como el vaso es suyo, lo muestra, lo fotografía y lo publica por voluntad propia, y la marca entra en el contenido con él, sin necesidad de pedirlo.
Sin registro, sin esperar el correo y sin promesa de enviarlo después.
La campaña y el participante comparten el mismo objeto, uno al lado del otro.
El participante publica porque el vaso es suyo. La marca va con él en el contenido, sin costo de medios.
Los segundos de la impresión son la ventana natural para que el equipo hable con el público.
Punto compacto, sin cabina, montado donde la marca ya recibe a las personas.
Un vaso con la propia cara nadie lo descarta. Sigue en uso mucho después del evento.
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